Jovita me explicó que no iba a poder ir al café: un viejo conocido le pidió ir a cenar porque tenía que decirle algo importante. ¡Qué triste pasar un 14 de febrero, y en domingo, a solas! Me desesperaba la idea de qué hacer ese día, sentía que hasta ir al mandado me recordaría que no tenía a nadie. Ni pensar en salir al cine o algún parque, tampoco es como un día familiar, no hay un lugar para los solitarios. Por esto, junto con Jovita, había convocado a un encuentro para personas olvidadas por San Valentín, compartiendo el evento en redes sociales.
No sabía a quién rezarle. No estaba dispuesta a ser devota de ningún ente oscuro, tampoco estaba dispuesta a usar esas redes para parejas. Comencé a ignorar la figura de San Antonio puesta boca abajo, ya no le prendí su veladora esperando que me hiciera el milagrito. Entonces surgió esa idea: ¿qué pasaría si le rezaras a San Valentín? al final de cuentas quería conocer a alguien para celebrar su día. El gran problema que tuve fue que no había estampillas o algo a lo que rezar, cuando preguntaba en las tiendas de la iglesia me miraban raro, una vez una señora sacó esa imagen del ángel alado pero eso hubiera sido rezarle a Cupido y quien sabe que hubiera pasado. Tomé una imagen que imprimir de la red y le puse una veladora encomendándome todos los días antes de salir al trabajo.
Dos días antes del 14 un chico aceptó la invitación al evento. Había olvidado eliminar el post y me dio pena decirle que no había más invitados confirmados que él. Dejé las cosas así. Cuando llegué, Carlos ya estaba ahí. Nos presentamos, él era encargado de una tienda de zapatos cerca de mi lugar de trabajo, seguimos saliendo y a las dos o tres semanas nos hicimos novios.
“Guillerminita de mi corazón”. Así siempre me saludaba Camilo, desde que nos presentaron me dio una mirada coqueta, debo reconocer que también que desde que lo vi me llamó la atención: es guapo y podía conversar con él por horas, lo cual hacía menos tedioso el trabajo, después fue tomando más confianza, y jugando me tomaba el cabello. Trabajábamos juntos en la tienda de teléfonos del centro, las cajeras hacían bromas por cómo nos veían, me decían que me animara a tener dos novios pero no estaba a dispuesta a engañar a Carlos, él tan amable que se preocupaba por mí, pasaba de su trabajo al mío cuando salía,
No quiero interrumpir si Camilo tiene a alguien más. Tomé la decisión de pedir un cambio a la nueva sucursal, y he decidido no avisarle. Me acordé de parar la estatua de San Antonio, le prendí una veladora. No sé, en una de esas le dio celos que le rece a otro santo: a Camilo lo conocí un 13 de junio.
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viernes, 14 de febrero de 2025
miércoles, 14 de febrero de 2024
12 rosas - Emmanuel Orlando Rivera Gutiérrez
No sé qué fue lo que más me confundió esta mañana, si que alguien llamara a la puerta antes de salir a mi trabajo o el que trajeran un paquete para mí. Me emocioné al escuchar al repartidor decir tu nombre. No negaré que por un momento ilusamente pensé que habías reflexionado, me vi nuevamente pasando esas tardes contigo, sentir tu mano conectarse con la mía mientras nos olvidábamos de lo delgadas que son las paredes entregándonos a nuestro deseo... esas cosas que una extraña al terminar una relación son recuerdos que salen a flote como las ramitas de canela después de que las sirves en una taza.
En fin, me dispuse a leer la tarjeta, solo para darme cuenta de lo idiota que eres. ¿Las razones? En tu desidia no actualizaste el domicilio con la florería, esas flores no eran para mí, como pude constatar al leer el nombre de la persona a quien se las pensabas hacer llegar. La segunda razón es que en tu dedicatoria expresaste el deseo de festejar esa unión, por lo enviabas una rosa por cada mes a su lado. Al leer esto saqué conclusiones de por cuánto tiempo habías estado engañándome.
Nuevamente golpearon a la puerta. Era el repartidor, quien al enviarte la foto del domicilio donde había entregado te hizo darte cuenta del error. Tontito, descaradamente le pediste que llevara las rosas al domicilio correcto. Obviamente yo no iba a regresar nada. Una llamada con tu número se registró en mi celular, no contesté.
Después, a un mensaje tuyo rogándome que regresara las flores y dándome mil explicaciones, me limité a contestar: Désolé :D, porque recordé lo mucho que te molestaba que te hablara en francés. Nunca comprendí ese desprecio por la lengua, tal vez porque nunca fuiste bueno o porque te daban celos de mis compañeros.
Seguiste insistiendo pero mi respuesta fue la misma una y otra vez. A estas exigencias se sumó el repartidor, quien me pedía del otro lado de la puerta que abriera por favor. Decidí entregarle lo único que estaba dispuesta a regresar, la tarjeta, que deslicé por debajo de la puerta junto con un billete como propina por la entrega. Se marchó mientras lo escuchaba alegar contigo sobre que tenía otras entregas que hacer.
No me siento culpable, porque sé que si fuiste lo suficientemente listo para esconder tu relación por tanto tiempo, serás capaz de encontrar otro regalo o bien contarle todo a tu amada pareja. En cuanto a las rosas no sé qué hacer. Al final de cuentas no tienen la culpa de haberme fijado en un maldito como tú. Tal vez se las regale a mamá, o tal vez les tome una foto para subirla a mis redes sociales y decir que "alguien" se acordó de mí. Entre tanto, escribo el último mensaje que recibirás de mí: Joyeuse Saint-Valentin.
lunes, 14 de febrero de 2022
Bebiendo café - Emmanuel Orlando Rivera Gutiérrez
3 de febrero
No sé por dónde comenzar a describir las pérdidas que me han hecho llegar a este estado en el cual no tengo ganas de nada, si las enlistara me hundiría más en este horrible sentimiento.
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12 de febrero
Los días pasados y sobre todo este he analizado de qué manera recuperarme y hasta ahora se me ha ocurrido algo. Nunca me había sentido emocionado por la celebración de ese día. Antes era un día insignificante, acaso una ida al cine, café o una cena. Pero en estos momentos es algo más, es un pequeño brillo que puede lograr que este camino comience a iluminarse.
* * * * *
13 de febrero
Ya no me importa haber soportado los gestos y miradas de los empleados. Llegué a un acuerdo con el negocio de flores que está junto a la plaza. He obtenido algunas rosas a manera de crédito, al venderlas en su totalidad liquidaré su costo y obtendré algo de ganancia. ¡Cuánto le he implorado al dueño! No fue fácil convencerlo, y eso que es mi amigo de hace años. Al final él accedió a cambio de que trabajara sin paga este y dos días más.
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14 de febrero
¡Hoy todo cambiará! Lo sé, sólo hace falta que abra la ventana y vea que es un ¿bello día?, pensé. Luego no pude creer la cantidad de nubes en el cielo. Encendí la televisión para escuchar al presentador del clima decir: "Lluvias torrenciales en gran parte del país, mínimo hasta el fin de semana".
Salí a la calle, como esperando salir de algún sueño. Abrí la palma de mi mano y cayó la primera gota, la "punta de lanza” de un incesante bombardeo. Cerré la puerta, preparé café y cuando estuvo listo me serví una taza. Tomé asiento sobre el sillón de la sala y ahora mientras escribo miro las rosas sobre la mesa, pienso en lo hermosas que son.
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