tu encuentro
las miradas ardientes
el silencio
nuestros cuerpos moviéndose por inercia
como si supieran que hacer
en el calor del momento.
Fuimos madera encendida
Las extremidades
jugaban como flamas
en la cama del cuarto.
El tiempo corría
avivando el incendio
y no había bomberos
que pudieran apagarnos.
Se hizo lo humanamente posible
para mantener el hechizo.
Cuando la noche llegó
solo quedaban cenizas
el humo se había dispersado
regresábamos a la normalidad.
Días después
se presentó la segunda oportunidad.
por unos minutos
fuimos solo brazas
que dejaron
la pasión de la primera vez.
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